Libertad oscura

No entiendo la razón por la que me encuentro en este lugar, a pesar de la fuerza que ejerzo para desprenderme. No pertenezco.

Tengo tantas cosas que decir, se me ocurren ahora infinidad de palabras que no pude decir oportunamente, acciones truncadas por fuerza desconocida.

Veo, veo a pesar de mis ojos inmóviles.  Sus risas llegan a alcanzarme, sus diálogos se entremezclan con ellas.

Necesito estar, permanecer como antaño… angustia de un pasado con aroma a rosas, perdido en lo abstracto del hoy.

Las niñas corretean alegres entre juegos inocentes, comparten con sus padres la alegría de la vida.

Y mi vida quedó atrapada entre estas telas alisadas, los colores lograron la imagen inmóvil de mi persona sonriente ante el espectador cautivado por mi mirada. Los veo y no me ven, los siento y no me sienten. Los óleos pasaron a ser mi existencia toda.

Siempre fui la fuerte entre los fuertes. Romperé el conjuro maldito de un brujo. Maldita magia en la que no creía y por la cual estoy plasmada en un cuadro, compartiendo la vida estática, con una hermosa familia corpórea de una época lejana al tiempo que poseía también uno.

No quedaré aquí, puedo sentirlo. La vida de aquel brujo debe culminar y con su partida el fin de mi cautiverio.

Una madrugada como tantas otras, traspasé un brazo; puedo sentir el aire, la brisa suave del ventanal abierto en época cálida, con esfuerzo mental una de mis piernas, casi al borde del llanto por lo doloroso de la transformación, mi cuerpo entero salió de allí.

Pretendo encontrar el amor negado en el pasado, recuerdo no poseerlo. Pretendo recuperar acciones dormidas por décadas. Recuerdo el olor a rosas, es evidente que formaban parte de mis días. No logro saber quién era, que hacía, quienes me rodeaban.

Sentada en el piso, en la oscuridad de esta madrugada, recupero la visión de la luna, llena mi alma con su luz bondadosa, clara, buena.

Escucho unos ruidos que me sacan de mis pensamientos de golpe, como cachetada en el rostro, ruidos que no son otra cosa que pasos dados por una persona pequeña.

Una de las niñas se acerca de a poco al pasillo donde cuelga el cuadro que fue lecho de mi vida silenciosa. Imágenes borrosas regresan a mi mente, un escalofrío me atrapa en el recuerdo de quien supe ser. No deseo lo que refleja el recuerdo, no puedo escapar y lloro; eso soy, eso era.

La niña, a punto de notar mi presencia en vida, será mi presa. No puedo evitarlo, la excitación se apodera de todos mis sentidos. Un movimiento veloz, y su frágil cuerpo yace muerto entre mis manos que no dudaron en estrangularla. Lo disfruto, es sublime saber lo fácil que resulta ser quien quita el último aliento a una persona. Recuerdo las rosas; sigilosa salgo en busca de una de ellas, la huelo, vuelvo a recordar, ellas eran la firma ante los asesinatos que cometía. Coloco la bella flor sobre el cuerpo de la pequeña. No podían atraparme, pero sabían que era la misma persona quien asesinaba sin motivo aparente.

Me gustaría amar, no puedo hacerlo. La maldad, por la maldad misma, es mi esencia.

La angustia me aplasta después del hecho. No quiero ser lo que fui, lo que soy.

El brujo intentó hacer el bien, su conjuro frenó la maldad que poseía. A él no pude matarlo, su bondad me paralizó escondiendo el mal en el lienzo.

¿Por qué logré salir y cobrar vida? Si solo sé gozar quitándola.

Debo correr, esconderme, volver a insertarme en un mundo que se nutre del bien y el mal como castigo divino.

Todos tenemos un fin… yo elijo el momento de algunos, esos que por alguna razón se cruzan en mi camino cuando necesito gozar una vez más.

No puedo dejar de ser quien soy. Desearía puedan entender mi locura; no lo harán.

Podrán creer por mi presencia que soy una hermosa mujer, de mirada dulce y palabras bonitas, desearán estar a mi lado, compartir momentos… pero no intenten escapar si crece en mí el deseo de matar, no podrán hacerlo, soy fuerte entre los fuertes y siempre encuentro una rosa para posar sobre aquello que poseía vida.

De hecho, escapo de esta casa con una hermosa rosa de fragancia profunda entre mis manos.

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