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Te cuento un sueño

¿Puedo generar en mi mente la certeza de un bonito sueño? Por supuesto puedo hacerlo.
El relato de la vivencia onírica sería comprendido por todos a quienes hiciera partícipes.
Y va… te cuento.
Estoy pensando en la energía, una energía que siento en la profundidad de mi ser. Puedo visualizarla, posee un color blanco con apenas unos bordes azules en toda su extensión. Esa energía viene de las profundidades del cosmos al que veo de una negrura sin límites. La convoco, la necesito protegiendo a mis seres queridos, siempre acude a mi llamado, un día, otro, otro, otro. Hoy fue diferente, ella me llamó a mí, la mente humana es pequeña, en su pequeñez, la duda que me arrastro a la pregunta, ¿me estaré muriendo? De inmediato quiero sacar mis pensamientos y llevarlos a otro lado. Lo intento, pero su luminosidad persiste al igual que su llamado. A los minutos o segundos me rindo, no tiene caso resistirse, la fuerza que ejerce sobre mi alma logra me desprenda del cuerpo que no yace muerto como temí, solo queda como dormido en el sillón, con una manta sobre las piernas. Lo veo allí, y aunque sé es ridículo, me tranquiliza; ocurre que justo no me place morir en este instante.
Doy gracias por haber sido arrastrada casi a las fuerza por ella, todo lo que pude ver cambió mi limitación y me quitó el miedo a vivir como humano por un pequeño período, afrontando todo lo que significa permanecer vivo en un mundo donde el dolor no nos es ajeno, por empeño que pongamos en esquivarlo en algún momento aparece, nos lastima, deja su cicatriz. Nunca me pareció cierto el concepto del dolor para contraponer la alegría. Si pudiese elegir estado de alegría permanente, no lo dudaría, no me molestaría desconocer su opuesto. No puedo elegir y lo conozco. Ahora también conozco que para el alma es un segundo en tiempo tierra cualquier dolor que creamos eterno, siendo que ella usa las conexiones corpóreas pero no está atada a ellas, por eso envuelta en el blanco azulado pude estar con mis seres amados que creía muertos. Ellos y su mundo encantado no saben del dolor, no saben de haberlo padecido. El cuerpo que habitaban quedó con todo lo negativo, son libres, no tienen ataduras. Entre imágenes asombrosas de infinidad de tonalidades nos deslizábamos con placer, el sentir es tan intenso que por un momento no quería volver al cuerpo que dejé posado en el sillón. Según me dijeron, el cuerpo es un juego de ingeniería, casi perfecto, casi mágico, pero la liberación está fuera de él.
Pero todo sueño termina, volví, tengo mucho que hacer, mis hijos, mi esposo, familiares, amigos, me esperan para seguir el camino de la vida.
Genero el sueño, se los cuento… aunque la realidad supera a la ficción.
Me faltan palabras para la experiencia vivida en total estado de conciencia. ¿Pueden comprenderlo?Te cuento un sueño

autista

Pensamiento oculto

autista

 

Parada aquí, escuchando el silencio que las almas solitarias pueden escuchar.

La mirada se refugia en ese inmenso cielo que destella la incógnita de sus secretos como la misma creación.

Bajo la mirada al pensar la historia oculta de tantas personas anónimas y valiosas en rincones del recuerdo de quienes pudieron conocerlas.

Vuelvo la mirada hacia arriba y allí la inmensidad me demuestra una vez más la pequeñez de la existencia.

Me siento en el verde mágico del pasto recién cortado, me bamboleo siguiendo el ritmo del pensamiento amplio donde volar con la mente es cuestión de decisión.

Hay exigencias sociales con las cuales no me llevo bien, no podré compartir mis pensamientos convirtiéndolos en palabras. No es de mi interés agradar, ni que me agraden.

Muchas horas de mi día transcurren en ese bamboleo inconsciente, persistente que hace de alguna manera estallar mi mente en pensamientos donde el cosmos y yo llegamos a fundirnos en preguntas recíprocas. Él supone mi existencia, no me conoce, sin embargo me hace creer que le intereso. Pretendo transmitirle en absoluta reserva las razones por las cuales me encuentro en la tierra. Una historia de vida sumada a otras historias de otras vidas que en algún momento, pasados milenios, muchos milenios, seremos casi infinitos y tan llenos de secretos como lo poco que quiere decirme de su propia historia. Pero aquí estamos los dos, como todos los días de mi vida, buscando la comunión que no puedo lograr con mis pares humanos, porque algo hace que mi mente y sentimientos no puedan manifestarse en el entender del otro.

Por eso soy un alma solitaria, por eso me bamboleo, por eso pienso mucho y mi pensamiento se dirige a la inmensidad de la existencia misma.

Tengo muchas limitaciones como no responder al afecto de los seres cercanos. Es posible sea porque mi pensamiento permanece muy lejos de la tierra, o puede sea por esas palabras que logre escuchar sin comprender. Decían: Es autista.

Vamos a jugar 2

Vamos a jugar

Vamos a jugar 2

Me presento ante tu silencio y quienes te rodean, rogando puedas comprenderme, y en tu comprensión la expansión ante quienes están a tu lado.

No sé si podrás encontrar ese segundo que ilumine mi existencia.

La inmensidad del vacío invade cada segundo desde que partí.

No sé dónde me encuentro, rodeada de mucho, teniendo tan poco.

Puedo ver risas en rostros iluminados por aquello que me falta. Todos confluyen  siendo capullos cerrados por poco tiempo, para abrirse en esplendor. En comunión divina.

Te mando desesperada el mensaje de mi angustia.

Por momentos el bullicio frente a la incomprensión quiere espantarme.

Seré fuerte para resistir la ignorancia de tus actos.

Esperé el momento sin un tiempo estimado para tratar de encontrar la luz necesaria para poder alcanzar armonía eterna.

Vos sin saberlo siquiera, sos mi ángel terrenal en auxilio de mi alma lastimada.

La energía que poseés permite el movimiento y libera en letras aquello no dicho por quien se encargó de callarme para siempre.

Abierta en este extraño diálogo ya consigo entender las razones por las cuales me acerqué a ti. Eres pura de alma, al igual que lo era yo antes que un malvado decidiera callarme. Mis padres me siguen buscando, yo ya no estoy en aquello que buscan. Pero el consuelo llegará si puedes decirles que fue nuestro vecino, aquel que vive en la casa llena de rosales rojos, esos rosales que tanto nos gustaban. Él me invitó para regalarme un ramo de aquellas bellas flores, las bellas flores que nunca tuve en mis manos. Luego de abusar de mi pequeño cuerpo, me ahogó con sus pesadas manos. Entró en pánico luego del hecho y me enterró en el fondo de su casa colocando un nuevo rosal sobre mi cuerpo. Necesito creas mis palabras.

Calle French 1512 Banfield. Calle Fench 1512 Banfield. Calle Fench 1512 Banfield. Calle French 1512 Banfield.

 

Repetía la dirección, una fuerte brisa comenzó a mover las cortinas del comedor de casa. Nos mirábamos asombrados. Es un juego repetíamos. La charla se extendió hasta que las luces del día nos impulsaron sin siquiera descansar a buscar la casa de la dirección sabida. Golpeamos las manos con temor al ridículo al aceptar la superstición que creímos no tener.

Una señora, en apariencia amable, escuchó no sin asombro nuestro relato. Mientras tomaba mi mano las lágrimas caían empañando su mirada buena. No demoró en abrazarnos casi con desesperación. Cuando pudo componerse un poco, nos contó que su pequeña hija de tan solo nueve años, una tarde de otoño, hace seis años, se dirigía a jugar con su amiga, una niña que vive a solo dos casas de la suya. Nunca regresó. Pasaron la desesperación absoluta. La búsqueda fue intensa, pero hasta ahora no fue hallada. Nos hizo pasar a su casa, esperamos a la policía. Fue muy difícil lograr comprendan lo sucedido. Ante ruegos de dolor, trámites extensos Alicia, así se llama su madre, logró se acepte un allanamiento a la casa de su siempre querido vecino. Gracias a un buen agente que modificó en parte la realidad sabida. La encontraron debajo del rosal, el pequeño cuerpo de Martina fue entregado a sus padres. Pudieron velarla, hacer el duelo.

Mi vida cambió, el juego se convirtió en algo más que eso. Deseo no ocurra más lo ocurrido, pero si llegara a ocurrir, aquí estaremos mis amigos y yo deseosos de ayudar a esas almas que necesitan saber dónde están, llegar a la comunión divina, vivir en comunión y sonreír por siempre.

En este momento termino de armar sobre la mesa de casa el tablero de la güija.