volver a ser

Volver a ser

volver a ser

Dejando el silencio de la mente dormida.

Transcurridos los tres primeros meses del comienzo, recibe el premio con movimientos suaves, en la tibia humedad que rodea su cuerpo.

Las visiones fundidas en infinidad de arco iris, entrecruzados, donde la luz no tiene cabida, le devuelven los colores. Con sus ojos cerrados, separa las imágenes.

Se ve corriendo entre flores de tulipanes rojos, naranjas, amarillos. Es un niño en una sociedad monárquica que otorgó a sus padres el reinado, ahora disfruta en uno de los jardines del palacio. Su cabello dorado, su sonrisa amplia de alma pura.

Enturbiada su vida siendo adulto, supo de maldades en su transitar de linaje noble. Altivo, soberbio, recibió la corona en herencia. Su tránsito rodeado de lujos, su castillo de paredes interminables y escaleras suntuosas, decorados con el brillo del poder y desdicha de plebeyos

Puede verse crecer entre el pueblo pobre, desdichado en la angustia del olvido de aquellos que deben protegerlo, abandonado a su suerte, en ausencia de adultos que velen por él. Viviendo de caridad siendo mendigo. Dolores de pies descalzos, lastimados hasta sangrar, pisando piedras, vidrios, tierra caliente o barrosa. Acostado con hambre, con sed, agobiado, arropado en un lecho de cajas en desuso… y esa sed, que persiste y lo obliga a dejar el lecho, caminar seis cuadras para obtener el líquido de una canilla pública. Su situación es de calle.

Recupera carcajadas ruidosas en compañía de muchos. Sonrisas silenciosas en la soledad de un cuarto de lujoso hotel en vacaciones. Los ruidos familiares de charlas en voz baja. Los gritos en aquella discusión. Las lágrimas en alguna despedida temporal o eterna. Olores agradables como jardín repleto de jazmines. Olores a mugre, de sitios olvidados por el hombre, frecuentados por animales en variedad de especie.

Ojos entrecerrados en una vejez placentera de recuerdos amenos, rodeado de niños que lo llaman abuelo.

Un cuarto luminoso de mobiliario moderno, con traje y corbata para salir a cumplir sus funciones como encargado de una importante empresa de fabricación de autos de alta gama. Se puede observar descendiendo de su vehículo para ingresar a una fiesta. Recostado luego en el sillón de su confortable sala, dormitando con un libro entre las manos.

Sin aviso, la placidez del tibio líquido parece incomodarlo, casi sin espacio realiza un cambio de posición, el mentón toca su cuerpo.

Puede sentir estar tan apretado dudando resistir. Una fuerza externa parece ayudar a sacarlo de ese estado de asfixia tortuosa. Los colores comienzan a opacarse, oscurecerse, quedando en blanco su mente se despide de épocas, vivencias, experiencias pasadas que quedarán ocultas en su ser.

El aire le resulta extraño, el llanto no se hace esperar.

Vuelve a nacer.

luna roja

La cosa (Relato de mi autoría presentado en revista Umbral N° 3)

luna roja

En el pueblo todos sabemos como viene la cosa.

Vivimos en un lugar que no permite forasteros, somos todos cuidadosos de posibles visitantes.

Cuando ocurre lo inevitable ante lo espléndido que el sitio ofrece, son expulsados con la prisa que el hecho requiere.

Ninguna persona extraña permanece más de dos días en nuestro paraíso terrenal, construido con el sacrificio de sus nativos.

Las reglas y leyes se cumplen a rajatabla.

¡Así es! Todos sabemos como viene la cosa.

La cosa está presente en nuestra vida, como supo estarlo en la vida de nuestros ancestros.

Se instaló casi sin pedir permiso. Digo casi, porque lo que se ha transmitido de generación en generación es que un grupo generoso de trabajadores, cansados de protestar por sus bajos ingresos, sabiendo la injusticia de los mismos, ambiciosos del dinero, con ansias de poder, en una oscura noche realizaron el pacto.

Prometieron silencio conjunto, aceptación, mutismo.

Lograron a partir de allí todas sus metas, aún sobrepasadas en riqueza, poder absoluto de un pueblo que aprendió a callar y disfrutar de los inmensos logros materiales.

Prosperidad, fraternidad, mucha vida, mucha muerte.

Trescientos años de crecimiento pleno, poco trabajo, poca dignidad.

Engaño masivo con cantos de protección divina.

Pretendieron estudiar el sistema económico de nuestro pueblo, pequeño, enorme.

Esos, no volvieron a su lugar de origen.

El gobierno que no acierta nada, acertó en el particular.

Nos llama “Pueblo maldito”

Lo dice por lo bajo, nos deja ser, no se mete.

Silencia por temor, se apropia a gritos de su buena gestión, nos usa como ejemplo.

Lo hemos observado, se sabe observado.

Calla y sonríe. Callamos y reímos.

Así fue en la historia. Así es en el presente.

Cada diez lunas nos visita la cosa.

Cada diez días un habitante deja de ser.

El habitante encontrado pasa por todas las pruebas de dolor que pueda soportar un humano.

Cuando es hallado muerto, la persona que lo avistó vive con esa imagen el resto de sus días.

Desde la falta de ojos, piel ajada en toda su extensión, la expresión de terror extremo en la mueca de su boca, reseca, endurecida.

Lo enterramos. El pueblo todo asiste a la despedida.

Callamos.

La cosa juega a las escondidas con todos nosotros, viejos, jóvenes, niños, bebés. Salimos con luna visible, o sin ella a la vista.

Correr y buscar el mejor escondite es el fin.

Muchos sabemos de su olor, su enorme tamaño, inhumano, monstruoso, aunque difiere de una persona a otra, todos coinciden en el horror de su especie.

He padecido varias veces tener su figura cerca mío, rezando no ser visto, transpirando, temblando, lleno de temor.

La cosa gime como un animal, mueve su enorme cuerpo en forma tosca. Gigante en su figura, sombría, maligna.

Somos presos de su juego.

Sabemos reponernos rápido, luego del entierro volvemos a nuestra placentera vida.

La última luna le tocó a uno de mis hijos, tengo diez hijos. Aquí todos tenemos familias numerosas, es necesario para no dejar de jugar.

Somos personas malditas.

Vivimos en la abundancia, atrapados por la maldad.

Me enseñaron desde siempre que algún precio hay que pagar.

Ahora surge en mí una premisa.

El mundo todo atrapado está.

¿Cuántas vidas se marchitan en pos de la riqueza material?

Reflexiono que aquí la cosa se mueve con libertad.

Reflexiono que en el mundo lo hace con cautela, sólo para disimular.

No se crean bendecidos, pues también malditos están.

Si solo buscan dinero, la cosa, los encontrará.